Corrientes adversas al libre mercado

The New York Times habla en un reciente artículo de la creciente consciencia sobre la espada de doble filo que es el libre mercado. La teoría económica más básica permite entender que unir dos territorios en un mismo mercado económico, sin divisiones, implica cambios para ambos territorios. No es, por tanto, algo que quienes han impulsado uniones económicas y tratados de libre comercio hayan descubierto ahora: quien ha defendido un tratado de estas características lo ha hecho porque se sabe parte de los que saldrían beneficiados de ello, y sabiendo que habría perjudicados. Hay una mayoría de ciudadanos que, sin embargo, no eran conscientes de que las atractivas rebajas en productos de consumo significarían, al cabo de no demasiado tiempo, unas difícilmente evitables rebajas en sus condiciones laborales.
La defensa del libre mercado se apoya, dice el artículo, en la identificación de los ciudadanos de países occidentales (Estados Unidos en el original) como consumidores. Si se consigue que la discusión se centre en los precios de los productos, y no en los salarios de los trabajadores, es difícil resistirse a lo que nos ofrece derribar fronteras y aranceles. Se ha intentado sugerir en campañas políticas alrededor del mundo que los tratados de libre comercio brindarían nuevas oportunidades de negocio y que todos saldríamos beneficiados, pero las pruebas nos dicen lo contrario. Quien ha podido –y, por supuesto, sabido– beneficiarse de esta expansión del mercado ha visto como su público potencial se multiplicaba y sus proveedores le ofrecían condiciones y precios cada vez mejores debido a la competencia. El problema radica en que el trabajador es un proveedor más, y también debe enfrentarse a una competencia mucho mayor. Esto ha tardado más tiempo a llegar, pero ha llegado y la política se ha empezado a hacer eco de ello.
Las campañas políticas en el período reciente han buscado maneras de justificar y soluciones que ofrecer a los salarios estancados, cuando no en recesión, y a las pésimas perspectivas para las clases trabajadoras que ofrece el panorama laboral del momento. Por primera vez en mucho tiempo hemos oído mensajes en contra de los tratados de libre comercio y la libre circulación de capitales, si bien no en estas palabras. Si bien es muy posible que hablen únicamente en clave electoral, estos conceptos permean y llegan hasta los ciudadanos menos interesados en economía, que al oír algo distinto a lo habitual empiezan a pensar en qué posición es la mejor. En muchos casos seguirán lo que su grupo, o partido político, defienda. En otros, sin embargo, habrá un análisis de pros y contras. Que no haya un mensaje homogéneo es siempre favorable.

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