Capitalismo de shock

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No he leído aún “La doctrina del shock” de Naomi Klein, pero la he escuchado hablar largo rato sobre tanto el concepto como el libro en sí. Voy a leer el libro sin duda, en papel si lo encuentro en su lengua original a un precio razonable o en ePub si eso no sucede. En cualquier caso, todo lo que dice Klein al respecto de lo que ella llama “Capitalismo de Shock” me parece terriblemente interesante, así que me dispongo a presentar la idea.

La autora presenta la idea de una serie de acciones mediante las cuales se extienden los limites de lo que se puede convertir en negocio para aquellas empresas lo suficientemente grandes como para influir en aquellos capaces de provocar un shock. Los shocks pueden ser de naturaleza economica (la bancarrota de una empresa o de un sector publico) o militar (golpes de estado, invasiones, atentados), pero en cualquier caso son empujones a la mentalidad del publico, en el menos grave de los casos, o sencillamente la subyugacion de un pais para convertirlo en consumidor y esclavo del que obtener recursos. La guerra contra Irak costó muchísimo dinero al público en Estados Unidos, pero ha sido terriblemente beneficiosa para algunas empresas que han conseguido condiciones muy ventajosas para la extracción de materiales y contratos millonarios para la reconstrucción del país o la seguridad. Del mismo modo, la crisis en la que estamos inmersos se puede ver exagerada o minimizada por los medios de comunicación según convenga a los intereses de quien paga el medio de comunicación en cuestión o al gobierno de turno: un recorte en sanidad, combinado con algunos reportajes sobre la gran calidad de la sanidad privada, pueden provocar un influjo de nuevos clientes hacia las aseguradoras.

Hasta donde puedo entender por sus conferencias y discursos, el capitalismo de shock o de desastres es la necesaria continuación o consecuencia de la implementación exitosa del capitalismo y de políticas neoliberales en Estados Unidos y sus aliados, que requieren un constante crecimiento, por dos razones. La primera es la solución que propone la politica neoliberal al problema de la desigualdad. El sistema capitalista de producción y explotación genera necesariamente situaciones de terrible injusticia en el reparto de beneficios, porque ésa es su idiosincracia y su funcionamiento natural: la concentración progresiva de la riqueza y de los métodos de producción. La respuesta neoliberal al problema de la desigualdad, frente a la exigencia de un reparto más equitativo de los recursos actuales por parte de movimientos de izquierdas, es que debemos aspirar no a redistribuir el pastel sino a hacerlo más grande, para que todo el mundo recibamos más, y que el modo más efectivo para conseguirlo es permitir que los grandes jugadores, los que dominan la economía, quien quiera que posea capital, pueda jugar con él y llevar a cabo sus negocios. Este discurso no es más que una vuelta de tuerca a la vieja teoría de la economía de degoteo: si aquellos en los estratos más altos de la sociedad obtienen muchos beneficios, éstos permearán y acabarán llegando a todo el mundo. Ambas teorías pueden ser refutadas tanto por los datos empíricos (el grueso de la población, incluso en el mundo desarrollado, ha visto sus salarios mermados o estancados mientras que las grandes fortunas se beneficiaban de cada vez mayores beneficios) como por la simple mención de un concepto básico de economía: si hay más dinero disponible, los precios se ajustarán a la nueva realidad y sólo se beneficiarán de este nuevo dinero aquellos que accedan a él los primeros, antes de que se ajusten los precios. A pesar de que es fácil ver y demostrar que el que las grandes fortunas crezcan no es beneficioso para las clases más humildes, el discurso es suficientemente convincente para seguir siendo usado una y otra vez, y para dar justificación a políticas economicas. Esto es sorprendente en parte porque está dejando claro, implícitamente, que la cesión de parte de su riqueza por parte de la clase más bienestante no es siquiera una opción.

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La segunda razón por la que el capitalismo requiere una constante expansión es que no es sino un sistema de extracción constante, una gran aspiradora de recursos. Este sistema requiere nuevos sitios de los que extraer cuando el contexto actual está agotado o cuando es más sencillo cambiar de contexto para maximizar beneficios y eficiencia. Pensad en un negocio clásico, en el más inocente modelo de negocio capitalista. Cuando el enfoque está en la obtención de beneficios, la eficiencia y el crecimiento se convierten en necesidades, y la concentración es inevitable. Más adelante, el modelo que era efectivo en un entorno se convierte en menos eficiente y requiere de nuevos lugares de donde extraer. Como la electricidad, el sistema capitalista de producción busca el camino con menos resistencia y procede a usarlo como cauce para su funcionamiento. Todo debe eventualmente convertirse en un negocio, pero se irá atendiendo siempre aquella oportunidad que ofrezca más posibilidad de explotación y beneficios.

Todo esto lleva a que la expansión es necesaria e inevitable. Los poseedores de capital en una nación capitalista intentarán, siempre, convertir en negocio todo aquello donde pueda ser convertido en negocio. El neoliberalismo es la creencia de que lo más interesante para los ciudadanos de una nacion, para la felicidad y el beneficio de todos, es que no se ponga ningún límite a lo que puede ser un negocio, y que todo funcionará más eficientemente si alguien se beneficia de ello a nivel personal. Cuando la misma política extranjera y el estamento militar y policial de un país se convierten en herramientas para la expansión de los grandes negocios del mismo, todo es posible, en un sentido trágico de la expresión. Se pueden preparar golpes de estado e invasiones para facilitar la obtención de recursos en otras naciones. Se puede ejercer un control violento de las ideas y los movimientos sociales para asegurarse de que no cambian los métodos de producción y que el beneficio sigue asegurado.

En palabras de Gillian Tett, el control de los métodos de producción es importante pero tanto o más lo es el control del discurso, de la narrativa. Qué se discute y qué no. El capitalismo de shock, la generación de un estado de pánico para facilitar a través de la invasión, o a través de legislación aprobada gracias al miedo, un mayor beneficio y más oportunidades de negocio no debe sorprendernos porque es la continuación lógica a la mentalidad capitalista neoliberal.

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